martes, 22 de noviembre de 2016

Sé salmón en un río

Esta mañana me han dicho: "Diana, yo creo que eres como un río salvaje y ahora te encuentras en la zona de calma... has pasado torrentes y cascadas..." y me ha hecho pensar que tal vez esa persona tenga razón y que quiero estar en este remanso de calma a ser posible el resto de mi vida o, al menos, seguir el curso de un río menos salvaje y más calmado porque quedarse estancado tampoco creo que sea la mejor idea. 

Lo que es cierto es que he aprendido rápidamente a seleccionar y a quedarme sólo con lo que me hace bien y abandonar aquellas cosas que no. Nadie es malo, sólo que a veces no vibramos en la misma nota. A veces dos personas se conocen en el momento menos oportuno y no funciona esa amistad, y otras se conocen por casualidad y sin querer te das cuenta de que tienes más cosas en común con esa persona de las que pensabas en un principio.

En cualquier caso nuestro objetivo debe ser siempre buscar la felicidad, sin juzgar a nadie, ni siquiera a nosotros mismos, buscando el bien de todos. No tenemos que caer bien a todo el mundo, no es necesario, sólo hay que ir formando el camino conforme nos vaya viniendo bien, acomodándonos a las situaciones y dificultades que van a pareciendo y, si algo no te gusta o te hace sentir incómodo, cámbialo. Así de fácil.

Realmente cuando era más joven me tomaba las cosas a la tremenda, hoy ya no. Me he dado cuenta de que no sirve de nada despotricar ni enfadarse. Siempre he sido de las de nadar contracorriente como los salmones, a veces me escondo tras una roca para descansar y dejo que el "resto del mundo" que corre a mi alrededor en dirección contraria me haga cosquillas en las aletas por los lados, sin dejar que afecte a mi forma de nadar.

Esa es realmente ni naturaleza, nadar contra corriente. No me gusta hacer lo que todo el mundo hace por inercia, seguir una moda, leer el periódico, ver las noticias tremendistas o ver ciertos programas de televisión que no llevan a ninguna parte más que al critiqueo de los demás. Si coincide que la moda que se lleva es de mi gusto será bienvenida pero hoy en día parece que vamos todos con uniforme, especialmente las mujeres (hoy por hoy son los pantalones pitillo los que se llevan la palma y yo no tengo ni uno).

En fin, sé quien eres, sé quien quieras ser y deja a los demás que hagan lo mismo. Acepta los cambios y dirige los "malos momentos" de tal forma que se conviertan en buenos y puedas sacarles provecho.

Sé tú, y déjame ser a mí sin juzgarme, no hay nada más bonito en esta vida que el respeto por los demás y por las decisiones que ellos tomen... por algo lo habrán hecho.

Diana.
"Que la memoria, si ha de traer alguna lágrima, siempre venga acompañada de una sonrisa.
Que los recuerdos me cuenten historias de quién soy y no de quien fui entonces.
Que los besos que no me atreví a dar no hayan dejado amargura en mis labios.
Que tanto si compartimos breves instantes o largos años, donde estés ahora tu me recuerdes sonriendo y yo te recuerde de la misma manera.
Que entre tanto cruce de caminos, de encuentros inesperados y giros del destino no me haya perdido y aun sepa diferenciar las cosas de la vida que de verdad son valiosas.
Que al recordar todas mis locuras piense que aun es tiempo de intentar superarlas.
Que al pensar en aquella persona que conocí una vez y por la que aun daría una y mil veces la vida, pueda alargar mi brazo buscando a mi lado y cogerte de la mano."
(Luis Munera)


martes, 8 de noviembre de 2016

Esa gente que viene y... ¡Bah!

Hay gente de todos los colores, tipos y formas, personalidades y caracteres, gente que resuena contigo, gente a la que no quieres ni acercarte y no sabes muy bien por qué. Gente de "para siempre" y gente de "bah...". Gente nueva que ves cada día y que nunca conocerás. 
Lo cierto es que nos acercamos unos a otros por cuestiones de frecuencia y energía, porque de alguna forma necesitamos esa energía que tiene esa otra persona y la atraemos hacia nosotros por muy lejos que esté. Todos lo somos, todos somos energía y emitimos frecuencias y si la frecuencia de alguien concuerda con la tuya se da el hecho de que os caéis bien mágicamente. Algunos lo llaman "química" y es cierto porque también tiene mucho que ver con eso a nivel biológico. 

También hay gente carismática, son ese tipo de personas que suele caer bien de primera mano, que tienen ese "no sé qué" que a todos nos gusta y es agradable estar con ellos, tienen "buen rollo", son positivos y optimistas y la sonrisa siempre por delante. Suelen ser personas que reorganizan sus vidas con las cosas que les gustan y que les hacen sentir bien, que emocionalmente son inteligentes. Resilientes les llaman algunos... 

Y todos deberíamos ser un poco así. Es cierto que todos pasamos por momentos más o menos duros en nuestras vidas pero si supiéramos canalizar esas emociones, si supiéramos reorientarlas hacia nuestro bien, el mundo entero sería diferente.

A veces se me ocurre pensar que la vida en sí es como estar en la puerta de un parque de atracciones. Sabes que lo vas a pasar genial, que vas a soltar un montón de adrenalina que te va a hacer sentir genial aunque no en todas las atracciones sabes que necesariamente lo vas a pasar bien. 

Por ejemplo: estás a la entrada de la famosa y conocida por todos "Montaña Rusa", ¿quién no se ha subido a una de estas atracciones? Que sí, que la adrenalina la vas a echar a pozales porque sabes que van a haber subidas y bajadas a toda velocidad, giros inesperados y loops que te ponen boca abajo, y esa cosa que te entra en el estómago antes de caer en picado por los raíles no es necesariamente agradable. Es un momento de total tensión, pero ahí estás ya subido y a punto de caer... y vas a caer sin remedio y lo ves venir pero ahí estás, aguantando el grito, o gritando directamente con el corazón acelerado.

Llegados a este punto deberíamos, o no, tener la oportunidad de bajarnos si realmente lo estamos pasando mal, pero en realidad no podemos, ya estamos en el vagón y ahora mismo en lo más alto. Ya no hay vuelta atrás y tenemos dos elecciones: una es pasarlo mal y querer bajarte del "problema" en el que tú mismo te has subido o disfrutar del trayecto sintiendo el viento estamparse en tu cara, admirar las vistas que ves desde allí arriba y que, por cierto, no siempre vas a poder disfrutar, levantar los brazos y vencer ese miedo, ese pánico que tenías sólo unos segundos atrás y dejarte caer... dejarte vencer, dejarte llevar...

Bien... ya que estás ¡vívelo!, grita, abre los ojos, levanta los brazos y recuerda que el viaje se acabará pronto, que no vas a estar ahí toda tu vida, la atracción tiene un tiempo y hay gente haciendo cola para vivir esa misma experiencia... ¡¡disfrútala!! ¿No te gustó? ¡No vuelvas a subir! ¿Te gustó aunque pasaste miedo? ¡Genial! Repite, vuelve a la cola, pero esta vez ya sabes adónde vas, ya no te quejes y ya no tengas miedo.

Pues la vida es algo así, está cargada de sorpresas de gente que viene y... ¡BAH! y de gente que viene y ¡OHHHH!. 

A veces tenemos la suerte de encontrarnos con esas personas que nos abren los ojos y nos hacen ver las cosas desde otra perspectiva. Es ese alguien que se sienta contigo en el PRIMER VAGÓN de esa montaña rusa, gira la cabeza hacia ti, que estás más blanco que el algodón y, además, temblando y ves que ese alguien te mira con ojos de ilusión porque él ya subió antes y ya sabe lo que os espera. Es ese alguien que te dice sonriendo cuando estáis a punto de caer "desde aquí arriba se ve mi casa" apuntando con el dedo hacia algún lugar, ese que te dice "levanta los brazos y no se te ocurra cerrar los ojos"... y es ese alguien que al bajar despeinados los dos se hace amigo tuyo para el resto de la vida.

Esa gente es de "OHHHH" y con esa gente hay que quedarse. A los demás apártalos.

Diana.
"La vida es una montaña rusa pero sólo tú eliges si te asustas y te bajas o si quieres disfrutar del viaje"