lunes, 30 de mayo de 2016

Volver a empezar

A veces lo único que sirve es tirar todo lo escrito y volver a empezar de nuevo. A veces lo único que sirve es romper la vasija y coger otro bloque de arcilla y volver a empezar de nuevo. A veces, el intentar remendar, los pegotes de pegamento, los parches, lo sobrecosido, el lijar, volver a pintar de nuevo,... sirve durante un tiempo pero ya no es lo mismo. A veces lo único que sirve es empezar de nuevo.

Y en la vida pasa igual. Conozco a alguien que siempre dice: "para atrás ni para tomar impulso" y tal vez tenga razón. Pero tomarse una pausa en el camino puede que sea la solución. Vivimos en esta ya tan famosa "bola de nieve" que nos lleva cuesta abajo sin frenos y mientras no te encuentres con un árbol puede ser hasta divertido. El problema es dónde vas a terminar. Si "aterrizas" en llano tu vida fue un éxito. Si te estampas contra una roca o contra un árbol a mitad camino ya no lo es tanto...

El truco es sacar los brazos de la bola e ir "planeando", dirigiendo, esquivando posibles golpes, incluso aprovechar los pequeños obstáculos para saltar alto y tomar fuerzas para seguir rodando, porque al fin y al cabo somos nosotros los que tenemos que dirigir nuestras vidas y hacia dónde queremos ir. Dejarse caer es arriesgado y bastante peligroso.

Y, a veces, vas a toda pastilla porque así lo indica el terreno. Y otras, simplemente descansas, vas muy despacito sin parar, eso sí, porque el tiempo no se para nunca, y la vida sigue. Pero es en estos momentos cuando te puedes permitir el lujo de pensar, respirar, meditar un momento cómo ha ido el trayecto hasta ahora, si te gustó, hacia dónde quieres seguir, qué no repetirías de nuevo, qué quieres cambiar,... y cuando ya todo eso lo tienes claro, eliges nuevo camino, nuevo destino, nueva orientación y vuelves a dejarte caer esta vez con más experiencia, sabiendo adónde quieres llegar, con ilusión, con ganas,...

No hay muchos "llanos" de estos en la vida, pero cuando aparecen debes de aprovecharlos. Es como un "alto" en el camino. Tiempo para ti, tiempo para pensar, tiempo para recapitular y llenarte de energía para seguir viviendo.

Elige qué y a quién quieres en tu vida. A veces hacemos limpieza en el armario de cosas que ya no usamos desde hace tiempo y curiosamente luego te sientes muchísimo mejor. Bueno, en la vida hay que hacer algo parecido.

Diana.
"Sé feliz y si no lo eres cambia lo que sea para serlo, no vas a morir en el intento... te lo prometo."




domingo, 29 de mayo de 2016

Los cobardes que se queden en casa.

He leído este artículo en internet y me ha parecido tan genial que os lo dejo aquí tal cual... a ver si a vosotros os gustan tanto como a mí. 

Sed valientes, la valentía es un don especial que todos deberíamos tener en esta vida tan difícil y tan fácil a la vez. 

Un beso y disfrutad.


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El mensaje es claro: sal con un valiente. Esto no quiere decir que intentes, a ser posible, salir con un valiente, no. Quiere decir que salgas con un valiente. Con un valiente o nada.

Nadie debería enamorarse de alguien que, tras el tiempo suficiente, no sea capaz de decirte: “mi apuesta eres tú”. All in. Todo el mundo merece escuchar, al menos, un “¿sabes qué?, me la juego contigo”.

Al igual que tú, he visto a personas reaprender un deporte tras perder algunas partes de su cuerpo; he visto a gente trabajar meses o incluso años sin cobrar y a otros trabajar en un restaurante de comida rápida para terminar y ponerse a escribir, pintar o bailar porque eso no les da aún de comer; y he visto a un hombre que no puede vocalizar ni coger un lápiz revolucionar la ciencia… Y aún así, siempre hay alguien que dice: “no, es que no es mi momento”, “es que estoy centrado en mi trabajo”, “es que salgo de una relación” y demás excusas para llevarse el polvo pero dejar el mueble. Si hay amor se encuentra la manera.

Vivimos en una época donde no hay dragones que matar ni tierras que conquistar, y donde el acceso a recursos y las oportunidades son tan abundantes que saber lo que se quiere e ir tras ello constituyen el único espacio para el heroísmo. Hoy, el (principal) problema no es que no se pueda, sino que no se quiera lo suficiente. La mayoría de cosas que no hacemos no es por dificultad, es por falta de amor.

Creo que la valentía es el valor más grande que puede tener un ser humano. Un valiente arriesga, elige, toma partido, se hace responsable y crea su destino. Es el capitán de los optimistas, pues no sólo ve lo bueno sino que lo persigue sin negociar. Una persona así sólo puede hacer tu vida más rica.

Como le gusta decir a Álex Rovira, “el coraje, más que la ausencia de miedo es la consciencia de que hay algo por lo que merece la pena que arriesguemos. El coraje es la fuerza del amor al servicio de la consciencia”. Y es que coraje y amor son atributos que se ven en el espejo: el que ama, arriesga y el que arriesga, ama.

“Detrás de alguien que arriesga hay alguien que ama.”

Cuando no sepas dónde están esos valientes, fíjate en los que dicen sí diciendo no, pues detrás de alguien que renuncia hay una persona que elige, detrás de alguien que elige hay una persona que arriesga y detrás de alguien que arriesga hay una persona enamorada. Donde hay un valiente, hay un amante.

Lo que diferencia a alguien valiente de un “cobarde” es que no se queda parado ante la bifurcación pensando en lo que pierde o en lo que renuncia, sino que ve en ti una victoria y ganancia suficiente como para no tener que mirar atrás. No se echa a un lado pensando que siempre puede venir algo mejor, porque acepta que el mundo es imperfecto, que tú lo eres… que los dos lo sois. Sabe que lo importante no es ni la realidad, ni lo que hay, sino lo que podéis llegar a crear, y para eso no hace falta ser perfectos, hace falta ponerse manos a la obra.

Un persona valiente no está pensando en las chicas o en los chicos que deja escapar, está pensando en ti. Eres su apuesta y su elección, y cualquier otro lugar le parece segunda división.

Nunca verás a un valiente haciendo una lista de pros y contras, porque para ellos el amor no es un mercado ni tú un producto más. Las decisiones racionales las deja para los yogures o las hipotecas, nunca para sus sueños. Nadie se hizo rico apostando en pequeñas cantidades.

“Los valientes se la juegan porque “esa aventura no se la pierden”.

Si lo piensas bien, muchos de los dolores de cabeza amorosos que has tenido podrían haberse evitado saliendo con un valiente. Así que, la próxima vez que vayas al mercado de parejas de viaje, solo tienes que abrir los ojos y mirar de una forma que quizás no hayas hecho antes: en lugar de buscar por la categoría belleza, profesión, estudios, o dinero, busca por la categoría sé quién soy/sé que quiero. Desconfía de lo pulcro, los cánones y lo resplandeciente, y fíate de la sangre y lo sucio, pues los valientes están llenos de arañazos y cicatrices, aunque a veces no se vean. Los valientes se baten el cobre, son los que bajan a la arena y se la juegan porque esa aventura “no se la pierden”. Es muy difícil encontrar a un valiente con el traje impoluto.

Un valiente no entiende la estúpida forma que tiene la cultura de valorar el éxito o el fracaso y la pérdida o la ganancia, pues cree que a nadie que lo ha dado todo se le puede exigir nada y que lo único que verdaderamente se puede perder en la vida no es una pareja, un partido, un sueldo, etc., ellos saben que lo único que verdaderamente se pierde en la vida son oportunidades.

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Diana.
"No existe hombre tan cobarde como para que el amor no pueda hacerlo valiente y transformarlo en héroe." 

Platón


martes, 17 de mayo de 2016

CUENTO ZEN: DOS MONJES Y UNA MUJER

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Últimamente he estado algo liada... pero hoy encuentro el hueco para mandaros este cuento que me leyeron en la "escuela de padres" en el cole de mis hijos el otro día y me pareció genial. Ahí va:

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Érase una vez, dos monjes zen que caminaban por el bosque de regreso a su monasterio.

En su camino debían de cruzar un río, en el que se encontraron llorando una mujer muy joven y hermosa que también quería cruzar, pero tenía miedo. 

– ¿Que sucede? – le preguntó el monje más anciano.

– Señor, mi madre se muere. Está sola en su casa, al otro lado del río y no puedo cruzar. Lo he intentado – siguió la mujer – pero me arrastra la corriente y nunca podré llegar al otro lado sin ayuda. Ya pensaba que no volvería a verla con vida, pero aparecisteis vosotros y podéis ayudarme a cruzar…

– Ojalá pudiéramos ayudarte – se lamento el más joven. Pero el único modo posible sería cargarte sobre nuestros hombros a través del río y nuestros votos de castidad nos prohíben todo contacto con el sexo opuesto. Lo lamento, créame.

– Yo también lo siento- dijo la mujer llorando desconsolada.

El monje más viejo se puso de rodillas, y dijo a la mujer: – Sube.

La mujer no podía creerlo, pero inmediatamente cogió su hatillo de ropa y montó sobre los hombros del monje.

Monje y mujer cruzaron el río con bastante dificultad, seguido por el monje joven. Al llegar a la otra orilla, la mujer descendió y se acercó con la intención de besar las manos del anciano monje en señal de agradecimiento.

– Está bien, está bien- dijo el anciano retirando las manos. Por favor, sigue tu camino.

La mujer se inclinó con humildad y gratitud, tomo sus ropas y se apresuró por el camino del pueblo. Los monjes, sin decir palabra, continuaron su marcha al monasterio… aún tenían por delante diez horas de camino.

El monje joven estaba furioso. No dijo nada pero hervía por dentro.
Últimamente he ido un poco liada y tengo el blog un poco descuidado, pero hoy he encontrado el momento de poneros este cuento que me leyeron en la escuela de padres la semana pasada y me pareció genial. Ahí va:

Un monje zen no debía tocar una mujer y el anciano no sólo la había tocado, sino que la había llevado sobre los hombros.

Al llegar al monasterio, mientras entraban, el monje joven se giró hacia el otro y le dijo:

– Tendré que decírselo al maestro. Tendré que informar acerca de lo sucedido. Está prohibido.

– ¿De qué estás hablando? ¿Qué está prohibido? -dijo el anciano

– ¿Ya te has olvidado? Llevaste a esa hermosa mujer sobre tus hombros – dijo aún más enojado.

El viejo monje se rió y luego le respondió: 

– Es cierto, yo la llevé. Pero la dejé en la orilla del río, muchas leguas atrás. Sin embargo, parece que tú todavía estás cargando con ella…

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Y así es, a veces cargamos con la culpa durante días, meses e incluso años... algo que ya pasó, que hay que dejar atrás, que se hizo en su momento y se acabó. A veces algunos pensamientos nos anclan a emociones que no nos hacen ningún bien... y al final no nos dejan desarrollarnos como personas.

Dejad ir... ¿lo hiciste? Pues ya está hecho, nada puedes hacer para remediarlo más que, si no te gustó la experiencia, aprende y evita volver a hacerlo.

¡Digo yo!

Diana.
¡Vive! Si no te gusta cámbialo, si te da miedo supéralo y si te enamora agárralo.