viernes, 24 de julio de 2015

Tenlo claro, es ley de vida.

UNO: "La persona que llega es la persona correcta", es decir que nadie llega a nuestras vidas por casualidad, todas las personas que nos rodean, que interactúan con nosotros, están allí por algo, para hacernos aprender y avanzar en cada situación.

DOS: "Lo que sucede es la única cosa que podía haber sucedido". Nada, pero nada, absolutamente nada de lo que nos sucede en nuestras vidas podría haber sido de otra manera. Ni siquiera el detalle más insignificante. No existe el: "si hubiera hecho tal cosa hubiera sucedido tal otra...". No. Lo que pasó fue lo único que pudo haber pasado y tuvo que haber sido así para que aprendamos esa lección y sigamos adelante. Todas y cada una de las situaciones que nos suceden en nuestras vidas son perfectas, aunque nuestra mente y nuestro ego se resistan y no quieran aceptarlo.

TRES: "En cualquier momento que comience es el momento correcto". Todo comienza en el momento indicado, ni antes, ni después. Cuando estamos preparados para que algo nuevo empiece en nuestras vidas, es allí cuando comenzará.

CUATRO: "Cuando algo termina, termina". Simplemente así. Si algo terminó en nuestras vidas, es para nuestra evolución, por lo tanto es mejor dejarlo, seguir adelante y avanzar ya enriquecidos con esa experiencia.

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Diana.
"Ninguna gota de lluvia cae alguna vez en el lugar equivocado"



domingo, 19 de julio de 2015

¡Manos arriba, esto es un abrazo!

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Hace unos días abracé a una persona especial a la que hacía seis años que no veía. Fue un abrazo que dijo mucho sin que abriésemos la boca ninguno de los dos.

Me encanta que me abracen (especialmente mis hijos) y creo que estaréis de acuerdo conmigo en que una de las sensaciones más maravillosas es cuando abrazas a alguien a quien añorabas, a quien aprecias y echabas de menos, ¿o no? Qué sensación más increíble, tierna y placentera. A veces quisieras quedarte así horas... Y es que hay abrazos que están creados de una conexión especial, de una sintonía que detiene el tiempo…

Los abrazos hacen que las tristezas se vayan del cuerpo, alejan la soledad y te llenan de alegría y energía. 

Me gustan los abrazos que aunque no resuelven nada son un modo de decirle a la adversidad que no van a poder con nosotros…

Siempre hay quien no desea que le toquen por algún motivo pero en normas generales ¿quién no aprecia un buen abrazo? Eso sí, haberlos hailos de muchos tipos... depende de la situación, del motivo y de a quién abrazas.


"Se dice que cada vez que abrazamos a alguien con gusto, ganamos un día de vida". Paulo Coelho


Muchas veces un abrazo es la mejor terapia, te renueva, te reconforta inmediatamente. Los abrazos son la manera más corta de comunicarte con quien quieres, pues todos sabemos que se dice muchísimo más con un abrazo que con mil palabras.

Fundir nuestros cuerpos en un abrazo nos llena de alegría, nos permite ser más pacientes y nos relaja. Además, sentirnos queridos y poder apreciar esa paz que nos transmite sentir el calor del otro fortalece nuestra autoestima.

De hecho, los abrazos hacen que le pongamos mejor cara al dolor, que los demás comprendan cómo nos sentimos y es una manera genial de mostrar nuestro amor y nuestro apoyo.

Un pequeño abrazo puede secar muchas lágrimas, una pequeña palabra llena de amor puede colmarnos de felicidad y una pequeña sonrisa puede cambiar el mundo. Son esas pequeñas cosas de las que ya he hablado alguna vez…

A veces un abrazo es meramente físico, fruto del contacto de dos cuerpos, ligero y rápido. Otras veces los abrazos están cargados de emociones, las cuales son capaces de hacernos explotar y sentir un millón de cosas de manera indescriptible en cuestión de sólo unos segundos.

Luego están los "abrazos del alma", esos llenos de las intenciones más puras y amorosas… Con ellos somos conscientes de lo fácil y accesible que es la paz, pues nos permite dar sin mirar el amor que nos queda en la reserva y nos hace conscientes de que no se acaba nunca por mucho que demos.

Cuando estamos inmersos en uno de estos abrazos se para el tiempo... hay un abrazo para cada tristeza.

Diana.
Te advierto que tengo un alma... y está cargada...

"Un día alguien te abrazará tan fuerte que juntará lo que otros hicieron pedazos"

viernes, 17 de julio de 2015

¿Y tu qué haces?

Si te preguntan qué son o qué sentido tienen los dibujos o garabatos que constantemente haces sobre una hoja de papel, y tú siempre contestas que sólo es una forma de pasar el tiempo cuando estás aburrido, te tenemos una noticia: esas figuras sin orden aparente son algo más que eso.



Al momento de hacer un garabato la conciencia pierde el control sobre el comportamiento y la mano comienza a ser dirigida por el subconsciente, quien es el encargado de guardar los secretos y los verdaderos motivos de nuestro comportamiento. Es por ello que te te mostraremos lo que nuestros dibujos dicen inconscientemente de nosotros.
1. Figuras antropomorfas




Lo más probable es que te sientas indefenso o quieras rehusar algunas de tus responsabilidades. Cuando dibujas a una persona con un esquema (con palitos y bolitas) significa que tu estado de ánimo no es estable y quieres cerrarte para no dejar que nadie se te acerque.

2. Cuando dibujas frecuentemente tu firma




Este tipo de trazos son típicos de personas egocéntricas y soberbias. Si dibujas tu firma muchas veces sin pensarlo durante una conversación o mientras tratas de resolver algún problema, lo más probable es que estés demasiado concentrado en ti mismo.
3. Cuadrados, rombos y otras figuras geométricas




Dibujar cuadrados, rombos y figuras geométricas significa que tienes tus metas y convicciones bien definidas, y casi nunca guardas tu opinión sólo para ti; eres una personas terca e insistente. Probablemente eres muy cuidadoso y prudente, y a personas así se les aconseja tener una actitud menos estricta hacia las diferentes situaciones.
4. Circulos y bolitas




Las figuras circulares que están unidas la una a la otra o que están una dentro de la otra nos dicen que procuras asociarte y estar en grupo. Cuando dibujamos círculos en una hoja, inconscientemente mostramos que nos hace falta atención y disfrutar el calor de una amistad.
5. Animales




Las emociones tienen mucho que ver con el animal que hayas dibujado. Si dibujas un tigre o un lobo significa que tienes agresividad; si es un zorro lo más probable es que estés pensando en valerte con mañas en alguna situación, si es una ardilla necesitas cuidado y protección; si es un león sientes que estás en un nivel por encima de los demás. Si siempre dibujas el mismo animal es que lo estás comparando contigo mismo y tratas de imitar su carácter.
6. Espirales, figuras circulares o líneas curvas




Esto significa que los problemas de los demás no te preocupan mucho. Es posible que estés pasando por una crisis emocional y te la pases dándole vuelta a tus preocupaciones.
7. Flechas




Simbolizan el rumbo a donde diriges tu vida. Si la flecha va hacia arriba, orientas tu vida hacia los demás, si va hacia abajo estás orientado a ti mismo. A la izquierda simboliza que te enfocas en el pasado, y si es hacia la derecha, encaras el futuro.
8. Estrellas




Dibujar estrellas significa que quieres ser el centro de atención, en caso que la estrella tiene demasiados rayos puede evidenciar un poco de depresión y preocupaciones relacionadas con la melancolía.
9. Flores, sol y nubes




Dibujos de este estilo pueden significar que tienes una actitud positiva y una buena situación espiritual.
10. Cruces




Esto significa que existe un posible sentimiento de culpa ante una persona cercana o que le pesa un problema por el cual se siente culpable.
11. Casas y cajas




Dibujar formas simétricas muestra el amor por el orden, la tendencia a la planeación y los cálculos. Sabes perfectamente lo que quieres y tus metas están claras.
12. Cuadros de ajedrez




Hace parecer que relativamente te encontraste en una situación desagradable o en una posición mental incómoda. Lo más probable es que sufras por complejos escondidos que tienen que ver con la incapacidad de resolver alguna circunstancia, o te encuentras en la búsqueda de ti mismo, tu misión en la vida y tienes dudas con acerca de si el camino que llevas es el correcto.
13. Panales de abejas




Significa que te esfuerzas más que cualquier otra persona por conservar la calma, la armonía y quieres tener un orden en tu vida. Posiblemente estas pensando en formar un hogar.
14. Corazones




Significa que estas enamorada o que estas llena de mucho amor. Un corazón con una flecha delata tu deseo por vivir una pasión, y si el corazón está roto no tiene más explicación que un dolor inmenso.
15. Garabatos curvos




Este tipo de garabatos reflejan una persona dulce y muy cariñosa. Alguien con mucha imaginación que tiende a aplicar creatividad en todos los aspectos de su vida, también puede expresar romanticismo.

jueves, 16 de julio de 2015

Con el tiempo... (Jorge Luis Borges)

“Con el tiempo aprendes que estar con alguien porque te ofrece un buen futuro, significa que tarde o temprano querrás volver a tu pasado…

Con el tiempo...

Con el tiempo te das cuenta que casarse sólo porque “te estás quedando” es una clara advertencia de que tu matrimonio será un fracaso.

Con el tiempo comprendes que sólo quien es capaz de amarte con tus defectos, sin pretender cambiarte, puede brindarte toda la felicidad que deseas.

Con el tiempo te das cuenta de que si estás al lado de esa persona sólo por acompañar tu soledad, irremediablemente acabarás deseando no volver a verla.

Con el tiempo te das cuenta que los amigos verdaderos valen mucho más que cualquier cantidad de dinero.

Con el tiempo entiendes que los verdaderos amigos son contados y que el que no lucha por ellos, tarde o temprano se verá rodeado sólo de amistades falsas.

Con el tiempo aprendes que las palabras dichas en un momento de ira pueden seguir lastimando a quien heriste, durante toda la vida.

Con el tiempo aprendes que disculpar cualquiera lo hace, pero perdonar es sólo de almas grandes.

Con el tiempo aprendes que si has herido a un amigo duramente, muy probablemente la amistad jamás volverá a ser igual.

Con el tiempo te das cuenta de que cada experiencia vivida con cada persona, es irrepetible.

Con el tiempo te das cuenta de que el que humilla o desprecia a un ser humano, tarde o temprano sufrirá las mismas humillaciones o desprecios multiplicados.

Con el tiempo aprendes a construir todos tus caminos en el HOY, porque el terreno del mañana, es demasiado incierto para hacer planes…

Con el tiempo comprendes que apresurar las cosas o forzarlas a que pasen, ocasionará que al final no sea como esperabas.

Con el tiempo te das cuenta de que en realidad lo mejor no era el futuro, sino el momento que estabas viviendo justo en ese instante.

Con el tiempo aprenderás que intentar perdonar o pedir perdón, decir que amas, decir que extrañas, decir que necesitas, decir que quieres ser amigo, ante una tumba…, ya no tiene ningún sentido…

¡Pero desafortunadamente… SÓLO CON EL TIEMPO… y como HOY es tiempo… te mando muchísimos saludos… para los que ya no estamos juntos, por todos los momentos buenos y malos que nos tocó vivir y a todos con los que ahora estoy pasando momentos geniales, gracias por estar y por ser!

Y recuerda estas palabras “EL HOMBRE SE HACE VIEJO MUY PRONTO Y SABIO DEMASIADO TARDE”, justamente cuando... ya no hay tiempo…”

lunes, 13 de julio de 2015

¿Y si no hay mañana?

¿Qué pasaría si mañana murieras? ¿Cuántas cosas habrías hecho si tan sólo tuvieras un instante extra? ¿Qué hubieras deseado hacer, comer o beber antes del desenlace? 

Muchas personas postergan cosas que realmente quieren hacer porque, piensan que “todavía hay tiempo”; sin embargo, el destino nunca nos asegura que mañana despertemos, tampoco tenemos la certeza de que no moriremos atropellados o baleados (sobre todo si vives en EEUU, o como digo yo "que te caiga la maceta del quinto en la cabeza y te quedes ahí así de tieso"). A pesar de saber esto, seguimos con la esperanza de realizar nuestros deseos “algún día”. 

Cuando la gente comienza a reflexionar acerca del mañana, muchos aseguran que ya cambiaron y que ahora se ocuparán de realizar sus sueños. Pero, ¿de qué se arrepentirían si murieran? Una enfermera de pacientes terminales reveló cuáles son las cinco cosas más comunes por las que la gente se arrepiente en sus últimos días. Superior a todas las respuestas, la más popular entre los hombres fue “desearía no haber trabajado tanto”.

Bronnie Ware, una enfermera australiana que pasó muchos años trabajando en cuidados paliativos, plasmó los mensajes y declaraciones más hermosas en su blog Inspiration and Chai y después realizó un libro llamado The top five regrets of dying.

En su libro, Ware menciona que las personas a su cuidado poseían una clara visión al final de sus vidas y que nosotros deberíamos aprender de su sabiduría. “Cuando les preguntaba si tenían algún arrepentimiento o si hubieran querido hacer algo diferente, ellos decían cosas similares todo el tiempo”. 

Aquí te dejamos los cinco puntos principales que dijeron los pacientes:

1. Me hubiera gustado tener el coraje de vivir una vida donde fuera yo mismo y no lo que los otros esperaban de mí.
“Es el más común de todos. Las personas se dan cuenta de que su vida está a punto de terminar y miran atrás. Es fácil ver cómo la mayoría de los sueños fracasaron y no realizaron ni siquiera la mitad de sus anhelos y mueren sabiendo que no se hicieron debido a las decisiones que realizaron o no realizaron”.

2. Desearía no haber trabajado tanto 
“La mayoría de los hombres dice esto. Extrañan su niñez y al compañerismo de los viejos tiempos. Las mujeres también hablan de esto pero como muchos de los pacientes son de generaciones de antaño, de ellas no dependía el sustento del hogar”.

3. Desearía haber tenido el coraje de expresar mis sentimientos
“Mucha gente suprime sus sentimientos para mantener la paz con los demás. Como resultado tienen una existencia mediocre y nunca se convierten en aquellos que realmente eran capaces de ser. Existen muchas que desarrollan enfermedades relacionadas con la amargura y el resentimiento que cargan”.

4. Me hubiera gustado seguir en contacto con mis amigos 
“Seguido, las personas no se dan cuenta de la gran cantidad de beneficios que producen los viejos amigos hasta que están a punto de morir y no es posible traerlos de vuelta. Muchos se encierran tanto en sus vidas que dejan ir a esos amigos que valen oro. Existen muchos arrepentimientos profundos acerca de no darle a la amistad el tiempo y esfuerzo que merece. Todos extrañan a sus amigos cuando están muriendo”.

5. Desearía haberme permitido ser más feliz 
“Muchos no se dan cuenta de que la felicidad es una opción hasta el final. Están envueltos en su modo de vida y sus hábitos. El confort y la familiaridad se sumergen en sus emociones y su estado físico. El miedo al cambio los hace creer que están contentos. Ahora desean evitar reír correctamente y que todas esas boberías vuelvan a sus vidas”.

Referencia: The Guardian
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Diana.
“Aprovecha el día, no confíes en el mañana”  (Horacio)

sábado, 4 de julio de 2015

Se fue para siempre un 4 de julio.

Seis años ya sin ti mamá, sin verte, pero sintiéndote cerca. Te echo tanto de menos....

A veces me paro, me siento, miro a mi alrededor, te llamo, quiero oírte una vez más, busco tu imagen, algo que me diga que aún estás aquí. Pero no lo consigo, no te veo.

Y me pregunto:
¿Dónde estarás?
Y enseguida me entra un escalofrío como respuesta, mi pecho se agita haciéndome comprender de nuevo: te fuiste, pero sigues en mi corazón, estás cerca, MUY cerca.

Me gusta pensar e incluso estoy segura de que hay un mundo paralelo en el que conviven las almas que se han ido de este mundo. Me gusta pensar que los nuevos que llegan a él tienen algo de los que ya no están. Me gusta aferrarme a la idea de que hay algo o alguien cerca de mí que me roza cada día con fragmentos de ellos.

Es importante que nunca nos olvidemos de ellos, porque al olvidarnos de verdad mueren. Pero igual de importante es aceptar que no podemos verlos, que ya les llegó su momento y que, por motivos que nunca entenderemos, tuvieron que irse. Es en nosotros en donde permanecen los recuerdos de nuestros momentos con ellos y eso les hace inmortales.

Cuando una persona se va, nuestra vida se paraliza, nuestro corazón da un vuelco y nos quedamos como en shock. Sin embargo, cuando alguien se muere, no se va solo, se lleva parte de tu alma para confeccionar sus alas, de esta manera logra volar junto a ti.

Su partida definitiva nos enseña que no es la muerte lo que nos asusta, sino que lo que verdaderamente nos llena de tristeza es convivir con el dolor de saber que por más que lloremos y por más que suframos, nunca más volveremos a verles... al menos hasta que nos toque a nosotros.

Y eso asusta, asusta mucho. Es un dolor extraño que se mete muy adentro y que no queremos sacar porque pensamos que si lo hacemos los dejamos ir de nuestros recuerdos, nos olvidaremos de esa persona a la que tantísimo queríamos. Y sufrimos. Pero la realidad es más bonita que todo eso... Dejad que me explique...

Yo aún necesito a mi madre. Pienso en ella a menudo. La pérdida de un ser querido duele siempre, que no nos cuenten mentiras, pero depende de cómo afrontes la situación para llevarlo mejor. 

Llora, llora todo lo que quieras, llorar es bueno, desahoga. Y una vez hayas llorado todo lo que tenías que llorar. cambia cada lágrima por un momento de felicidad, por un precioso recuerdo con esa persona y quédate con eso. Cada vez que piensas en ella piensa en uno de esos momentos y sonríe.

Es importantísimo que vuelvas a recuperar cuanto antes tu vida y tus ganas de vivir. Hay que aceptar la partida definitiva y comprender el sentido de la muerte y de la vida.

El recuerdo perdura para siempre, no importa los años que pasen. Y te haces mil preguntas sobre cómo sería la vida con ella y cuantísimas preguntas quedaron en el tintero por hacerle de las que ella tendría la respuesta adecuada.

Cuando la vida te separa de un ser querido, el recuerdo de su sonrisa es la mejor manera de seguir adelante.

Cada día de nuestra vida daríamos lo que fuese por volver a sentirles, por tenerlos unos minutos más con nosotros y decir todo lo que ahora nos ahoga. Pero lo podemos superar, podemos encontrar la manera de convivir con la falta, el recuerdo y el anhelo.

La mejor manera de seguir hacia adelante es reinventando los abrazos, convirtiéndolos en recuerdos y dirigiéndonos a ellos cada día. Por eso, nuestro mejor homenaje será sumar alegría a nuestros días, haciendo a su recuerdo partícipe de nuestra felicidad.

A los que hayáis perdido algún ser querido os recomiendo el libro “La muerte: un amanecer” de Elisabeth Kübler-Ross. Y a los que aún no, os lo recomiendo igualmente porque es MUY importante y MUY interesante todo lo que dice esta científica que siempre fue escéptica y gracias a sus años de estudios en hospitales con enfermos terminales de todo el mundo tuvo que cambiar su opinión sobre la muerte.

Diana.
"Te quiero mamá. Un día, volveré a verte y a abrazarte"




miércoles, 1 de julio de 2015

Los niños son de dos.

Hoy me he encontrado con este artículo cotilleando por ahí... imprescindible que lo leamos todos, padres y madres. Nada más que decir... salvo que me parece fabuloso. Ojalá mis hijos piensen igual cuando sean padres.

Diana.
"Lo mejor de mi vida sin duda son mis hijos"

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"Yo no ayudo a mi mujer con los niños ni con las tareas de casa."

Publicado por: Alberto Soler Sarrió 

Esta mañana he ido de paseo y al supermercado con los niños (ya tienen 15 meses, están para comérselos, ¡de verdad!). En la cola, se me ponen a hablar un par de señoras, y las dos concluyen lo mismo: “hi ha que veure, lo que ajuden ara els homens a les seues dones amb els fills” (“hay que ver lo que ayudan ahora los hombres a sus mujeres con los hijos”). Ésta es una de esas situaciones que me encantan para poder provocar un poco y sacar mi lado más feminista. Pero hoy se hacía tarde para comer y me he limitado a sonreír, agradecer y seguir a casa.

¿Que qué le habría dicho a estas señoras? Probablemente, como en otras ocasiones, les habría respondido con un “disculpe señora, pero no, ni ayudo ni pienso ayudar a mi mujer con los hijos”. Y pasaría a explicarle cuál es mi punto de vista al respecto.

Antes de tener hijos yo nunca he sido de esas parejas o maridos que ayudan a su mujer con las tareas de casa. Pero es que mi mujer tampoco me ha ayudado nunca. Y cuando llegaron los hijos las cosas siguieron más o menos igual: ni le he ayudado con la casa ni ahora con los hijos. Habrá alguno que aún no haya pillado de qué va la cosa y esté pensando maravillas sobre mí y apiadándose de mi mujer (¡pobrecita, menudo le ha tocado!). No, yo no ayudo a mi mujer con los niños porque no puedo ayudar a alguien con algo que es mi entera responsabilidad.

Los hijos, al igual que las tareas domésticas, no son el patrimonio de nadie: ni pertenecen a la mujer ni pertenecen al hombre. Son responsabilidad de ambos. Por este motivo me llega a ofender cuando, de modo muy bienintencionado (soy consciente) me halagan con “lo mucho que ayudo a mi mujer”. Como si no fueran mis hijos o no fuera mi responsabilidad. Hago, con mucho esfuerzo y mucho gusto ni más ni menos que aquello que me corresponde. Al igual que mi mujer. Y por mucho que me esfuerce nunca podré llegar a hacer tanto y tan bien como hace ella.
¿Por qué tenemos esta visión de las responsabilidades?

Tenemos aún en la mente un modelo de familia patriarcal en el que hay un reparto de tareas muy bien definido: el hombre es el proveedor de recursos, la mujer la gestora del hogar (ahí se incluyen los hijos). Sin embargo la sociedad ha cambiado profundamente en las últimas décadas (afortunadamente) y este reparto de papeles ha pasado en muchos casos a la historia. La mujer hoy en día, aunque sigue profundamente discriminada socialmente (no hay más que ver la diferencia en salarios u oportunidades de promoción laboral) es el agente de su propio desarrollo, tiene la capacidad de desarrollar una carrera profesional en los mismos ámbitos que un hombre y, si decide dedicarse al cuidado de los hijos es, en la mayoría de los casos, por una elección personal, y no por falta de oportunidades o derechos sociales.

En un momento en el que tenemos esta igualdad de roles entre hombre y mujer, asumir de facto que los hijos son responsabilidad de ellas es un vestigio del pasado. Hoy en día hombre y mujer se reparten (o deberían hacerlo) de modo equilibrado aquellas tareas que les atañen a ambos, como la casa y los hijos. ¿Y qué es “de modo equilibrado”? Ese equilibrio no implica en (casi) ningún caso un reparto 50-50, sino más bien una adaptación flexible entre la disponibilidad de los miembros de la familia y las tareas que se requieren. Pensemos por ejemplo, qué injusto sería un reparto de tareas 50-50 en un caso en el que la mujer llegara a casa a las 20:00 después de 12 horas de trabajo, y su pareja llevara desde mediodía en casa. Un reparto “mitad tú, mitad yo” sería tremendamente injusto. E igual a la inversa.

Los hijos implican dar un paso más allá en esta flexibilidad y suponen un importante test de compenetración y trabajo de equipo en la pareja (y cuando vienen a pares como en nuestro caso, más todavía). Ya hablé hace tiempo sobre el papel del padre durante la lactancia, ya que parece que muchos padres se sienten perdidos durante esta etapa pensando que la mujer es la única que puede hacer algo por el niño. Ni mucho menos. Pero conforme crecen los niños el papel que juega el padre crece más si cabe.
¿Cuáles son las tareas propias del padre y cuáles las de la madre?

Bueno, pues más allá de ser la madre (por obvios motivos) la encargada de la teta, el resto de las casi innumerables tareas relacionadas con los hijos no son patrimonio exclusivo de nadie, son total y absolutamente intercambiables entre padre y madre en función de las circunstancias, preferencias (de ellos o de los hijos -hoy quiero que me duerma la mami/el papi-) o habilidades de cada uno.

Un buen reparto de esas tareas es el que es equilibrado, justo, que no genera conflicto y que permite un desarrollo armonioso de la rutina doméstica.

¿Qué modelo quiero transmitir a mis hijos?

Quiero que mis hijos crezcan sin saber si planchar es cosa de hombres o de mujeres. Que no sepan si los baños son cosa de su padre o de su madre. Que no asocien la cocina con el feudo de nadie, ni tampoco la aspiradora, doblar ropa u ordenar los armarios. Que acudan con más o menos igual frecuencia a uno o a otro para dormir, para contar sus confidencias, para jugar o para enfadarse. Que no haya un “jefe” de la casa sino que todos convivimos del modo más feliz posible.

Así que no, señora, yo no ayudo a mi mujer con los niños. Tampoco con la casa. Estoy con ellos en el supermercado y les paseo porque son mis hijos y me acompañan allá donde voy. Les cambio los pañales, les baño, les llevo al parque o les preparo la comida no por ayudar a mi mujer, sino porque son mis hijos, son mi responsabilidad y quiero que crezcan con un modelo de familia y de reparto de tareas diferente a aquel que Ud. y yo hemos tenido.